Noviembre 12, 2025
La pandemia silenciosa: cómo hemos normalizado la obesidad y qué podemos hacer para cambiarlo
Comprender la obesidad más allá del peso: causas reales, impacto tras la pandemia y cómo recuperar hábitos saludables
La obesidad es una enfermedad compleja y en continuo crecimiento que afecta a personas de todas las edades. No se trata solo de “comer de más” o “ser perezoso”: la ganancia de peso y la obesidad surgen de la interacción de muchos factores —biológicos, ambientales, sociales y económicos— que han cambiado notablemente en las últimas décadas. (WHO)
¿Qué es la obesidad y cuán extendida está?
A nivel global, más de 1.000 millones de personas viven con sobrepeso u obesidad; de ellas, casi 160 millones son niños y adolescentes (5–19 años). Otro metaanálisis reciente estimó que la prevalencia global de obesidad en menores de 18 años es aproximadamente 8.5%, con un exceso de peso (sobrepeso + obesidad) cercano al 22%. Estos números muestran que la obesidad infantil ya no es una excepción.
¿Comemos más o nos movemos menos? — La respuesta simple no existe
La ganancia de peso se explica por un balance energético (calorías consumidas vs. calorías gastadas), pero reducir la explicación a “comer de más” o “moverse menos” es simplista. Revisiones científicas señalan múltiples contribuyentes:
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Alimentación: el aumento del consumo de alimentos ultraprocesados, bebidas azucaradas y comidas altas en calorías y baja densidad nutricional es un impulsor clave de la obesidad.
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Inactividad física: la vida cada vez más sedentaria (trabajo sentado, pantallas, menos desplazamientos activos) reduce el gasto energético diario.
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Sueño, estrés y entornos obesogénicos: dormir mal, el estrés crónico, entornos con fácil acceso a comida poco saludable y publicidad intensa influyen en el comportamiento alimentario.
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Factores biológicos y sociales: genética, microbioma, historia nutricional y desigualdades socioeconómicas modulan el riesgo individual.
Las revisiones científicas contemporáneas subrayan que ambos (dieta y actividad) importan y que los entornos y políticas públicas juegan un papel central.
¿Qué cambió con la pandemia de COVID-19?
La pandemia alteró rutinas cotidianas mundialmente: cierre de escuelas, confinamientos, reducción de actividad al aire libre y cambios en la dieta (más snacks, mayor consumo de alimentos procesados). Estudios y revisiones muestran que, durante la primera etapa de la pandemia, hubo un aumento marcado del peso corporal y de la prevalencia de obesidad, especialmente en niños. La falta de acceso a la actividad estructurada (colegio, deportes) y el incremento del sedentarismo doméstico fueron factores clave.
¿Por qué se ha normalizado la obesidad en la infancia?
La normalización de la obesidad infantil tiene varias raíces:
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Cambio de referencia social: cuando en una comunidad hay muchos niños con exceso de peso, el estado “normal” percibido por padres y cuidadores cambia —lo que antes parecía “gordo” ahora se ve como “normal”. Estudios sobre percepción parental muestran que una proporción alta de padres subestima el peso de sus hijos. Esto dificulta la detección temprana y la intervención.
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Asociación cultural entre “bien alimentado” y “peso”: en muchos lugares todavía persiste la idea de que un niño con sobrepeso está “bien alimentado”, saludable o ‘robusto’. Esa percepción cultural reduce la urgencia de cambiar hábitos. (Autores y encuestas muestran que la percepción pública no siempre coincide con los criterios clínicos).
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Entornos obesogénicos: la exposición constante a alimentos ultraprocesados y altamente publicitados, junto a la reducción del juego activo en la calle y en escuelas, hace que el sobrepeso sea más probable y, por ende, más visible y normalizado. Organismos internacionales han alertado sobre la influencia de entornos y marketing en la salud infantil.
¿Un niño con sobrepeso es sinónimo de estar bien alimentado?
No necesariamente. El sobrepeso refleja exceso de energía acumulada, pero no garantiza una dieta de calidad (micronutrientes, variedad, buenas prácticas). Un niño puede consumir muchas calorías vacías (dulces, snacks, bebidas azucaradas) y, aun así, tener deficiencias nutricionales. Asociar “gordito = bien alimentado” es una simplificación peligrosa que puede ocultar carencias y riesgos metabólicos tempranos.
Mensaje de conciencia y motivación
La obesidad no es una falla moral ni una cuestión de voluntad simple. Es un problema de salud pública que requiere empatía, educación y cambios en el entorno. Si te preocupa tu salud o la de tus hijos:
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No busques culpables, busca soluciones prácticas y sostenibles.
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Cambios pequeños y sostenidos (más verduras, menos bebidas azucaradas, actividad diaria, horarios de sueño regulares) tienen un gran impacto a largo plazo.
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La detección temprana y la acción preventiva en la infancia son esenciales: la intervención temprana cambia trayectorias de salud.
Nuestro llamado: informarnos, actuar con compasión y exigir entornos más saludables para nuestros niños (escuelas con comidas nutritivas, regulación de publicidad dirigida a menores, acceso a espacios seguros para jugar).
Acciones prácticas (para familias y profesionales)
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Revisa el entorno: elimina bebidas azucaradas de casa, limita snacks ultraprocesados.
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Rutina activa diaria: 30–60 minutos de juego activo o movimiento en niños; incluso pequeñas sesiones de 10–15 minutos suman.
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Modela hábitos: los niños imitan adultos; cocinar juntos o hacer actividad familiar refuerza el cambio.
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Sueño y pantalla: prioriza horarios de sueño regulares; limita el tiempo de pantalla antes de dormir.
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Consulta profesional: cuando hay sobrepeso u obesidad, busca un equipo que pueda orientar: pediatra, nutricionista y profesional del movimiento/ejercicio (como tú).
Conclusión
La obesidad es un problema complejo, potenciado por dietas modernas, entornos sedentarios y por cambios sociales acelerados (como los vividos en la pandemia). No es sólo “comer más” o “moverse menos”: es resultado de sistemas que favorecen calorías baratas y poco movimiento. Cambiar eso exige políticas públicas, educación y, también, acciones reales en casa. Si tenemos información, empatía y pasos prácticos, podemos proteger a las nuevas generaciones.
FUENTES:
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WHO — Obesity and overweight (fact sheet). World Health Organization. Actualizado. Organización Mundial de la Salud
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Zhang X, et al. Global Prevalence of Overweight and Obesity in Children and Adolescents: Systematic review and meta-analysis (2000–2023). (2024). Este metaanálisis estima prevalencias globales de obesidad en niños y adolescentes (obesidad ≈ 8.5%, exceso de peso ≈ 22.2%). PMC
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Iacopetta D., et al. The Ongoing Impact of COVID-19 on Pediatric Obesity. (2024). Revisión que documenta aumentos de peso y prevalencia de obesidad en niños durante la pandemia y factores asociados (sedentarismo, cambios en dieta). MDPI
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Moliterno P., et al. How Parents Perceive Their Children's Body Weight. (2024). Estudio que muestra la alta frecuencia de subestimación del peso infantil por parte de padres y las implicaciones para la detección temprana. MDPI
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WHO / World Obesity / UNICEF report summaries sobre tendencias mundiales y la proyección del aumento de sobrepeso y obesidad en jóvenes (noticias y reportes recientes).